miércoles, 12 de junio de 2013

El Conejo y el Mapurite (Cuento Guajiro).



“Lo cuentan las voces de los que se resisten”

Identidad y Tradición 
"RELATOS WAYUU"
El Conejo y el Mapurite (Cuento Guajiro).

Cuentan los ancianos de la Guajira que el Mapurite era el mejor curandero de aquellos viejos tiempos en que los animales eran como los hombres de hoy.

Un día, el Mapurite cogió camino hacia Río Hacha para curar a un enfermo a quien se le había metido un mal espíritu en los pulmones que le hacía toser y doler el pecho. Iba caminado de Este a Oeste, cuando se encontró con el conejo que venía de Oeste a Este.

 - Ahá, curandero. ¿Adónde vas con tanta prisa?

 - Voy a Río Hacha a curar a enfermo. Y tú, ¿hacia dónde vas?

El Conejo dio dos brincos y dijo: - Pues… hacia donde me lleve el camino, De aquí para allá, De Occidente a Oriente, al Jorrotutuy donde brilla el sol naciente.

- Ahá, ¿SÍ? –respondió el Mapurite sin mirarlo porque tenía unos ojos chiquiticos y casi no podía ver.

- Oye, viejo –dijo el Conejo-, ¿no tienes por casualidad un tabaquito para mascar y entretenerme por el camino?

- Pues si tengo, amigo. Y metiendo la mano en su bolso, el Mapurite le dio tamaño tabaco para que fumara y mascara.

Entonces se separaron. El Mapurite siguió camino a Occidente y el Conejo se fue contento con su tabaco. Hizo como si se alejaba, pero le dio vuelta a una loma y volvió a caer en el mismo camino, delante del Mapurite.

Cambiando la voz, dijo el Conejo: - Hola, curandero. ¿Adónde vas con tanta prisa?

- Voy a Río Hacha a curar un enfermo –respondió el Mapurite pestañando.

- ¿Y qué se dice por el camino que has recorrido, viejo?

- Pues, nada. Sólo me encontré hace un rato con un conejo que sigue tu mismo camino.

- Lo alcanzaré para que me sirva de compañero –dijo el Conejo-, pero, por casualidad, ¿no tienes un tabaco que me regales?

El Mapurite metió la mano en su bolso y le regaló un tabaco.

Entonces se separaron. Pero en cuatro saltos el Conejo dio vuelta a otra loma y volvió a presentarse delante del Mapurite.

Esta vez el Conejo remedó la voz temblorosa de un viejo: - Me complace verte, anciano, residuo de los tiempos idos. Soy un viejo achacoso que desea recordar sus primeros días.

El Mapurite se sintió muy contento al oír estas frases y quiso conversar de las andanzas de su juventud. Levantó la cabeza, pero con sus ojos chiquiticos como dos pulguitas casi no podía ver a quien le hablaba.

- ¿No tienes tabaco que me regales? –preguntó de prisa el Conejo.

- Sí, me complace –dijo el Mapurite, y le dio otro tabaco.

El conejo se fue corriendo contento con sus tres tabacos y el Mapurite siguió camino a Occidente.

Cuando el Mapurite llegó a Río Hacha vio que no le quedaba ni un solo tabaco para dar masajes a su enfermo y recordando, recordando… …se dio cuenta de que el Conejo, con su astucia, lo había engañado.

- ¡Ya verá lo que le va a pasar! –dijo indignado el Mapurite.

Y comenzó a preparar un raro mejunje: Puso ají picante en un mortero, puso resina de pringamoza, Zumo de tabaco, y un chorrito de pipí. Batió muy duro…así, así. Y cuando la mezcla estuvo a punto… hizo dos cigarros con ella y los puso en el bolso. Camino a casa, pasó por el mismo lugar en donde se había encontrado con el conejo y…

¡Qué casualidad! Allí estaba el Conejo. - Hola, viejo, amigo mío. Nos volvemos a encontrar. ¿Tendrás otro tabaco que me regales?

- Sí, con mucho gusto. En Río Hacha compré y son muy buenos. El mapurite le dio los dos cigarros y siguió pasito a paso a su casa.

El Conejo se puso a fumar. Chupa que chupa, sintió un mareo. Algo raro le ocurría. Sentía como si le picaran hormigas en la nariz, como si le hicieran cosquillas en la boca. Pero no le importó. Siguió chupando y escupiendo el aroma de su tabaco. El hocico se le empezó a hinchar y la nariz se le movía rapidito sin que él lo quisiera. Entonces, boto el tabaco, se frotó la nariz y estornudó. Pero… nada. Su nariz seguía húmeda, rosada y moviéndose sin parar.

Dice la gente de la Guajira que desde entonces a todos los conejos les tiembla el hocico y la nariz, por la magia del Mapurite.

Publicado por: Maderlyn González, Yugeily Prieto y  María Orozco

    “Por una conciencia Socialista, dejémonos de guardar silencio”

lunes, 10 de junio de 2013

Cueva Venezolana “Imawarí Yeutá”



“Lo cuentan las voces de los que se resisten”

Identidad y Tradición
Cueva Venezolana podría ser la más grande del mundo
(La bautizaron con el nombre autóctono Imawarí Yeutá).



Un equipo multidisciplinario conformado por venezolanos e italianos, descubrieron una cueva en Venezuela, que podría ser la más grande del mundo,  a la cual bautizaron con el nombre de origen indígena Imawarí Yeutá.

Según uno de los espeleólogos venezolanos Freddy Vergara, la cueva es una maravilla cromática, la cual está ubicada en el cerro Auyantepuy, en la Gran Sabana, en el sureste de Venezuela.

La cueva de cuarcita (Un tipo de formación rocosa de alto contenido de cuarzo) en las profundidades del Tepuy, una estructura geológica en forma de meseta muy típica de la zona, a unos 1.500 metros por encima del nivel del mar. La profundidad es de unos 180 metros desde el lugar de ingreso hasta el punto más bajo del descenso. Fue descubierta el 13 de marzo pasado, y podría ser la más grande de su tipo en el mundo, aunque eso todavía no se ha comprobado.

Hay que mencionar que esta cueva, no es la primera formación de este tipo que se ha descubierto, en la década de los años 70 fueron halladas otras similares en los tepuyes Autama o Sarisariñama.

Freddy Vergara el espeleólogo venezolano, uno de los integrantes del equipo multidisciplinario, la abertura fuese divisada por primera vez en el 2011, por el piloto venezolano Raúl Arias, a bordo de un helicóptero. El cual dijo “He detectado varias desde el aire explico Arias a BBC Mundo. "Cuando veo formaciones extrañas, aberturas o posibilidad de aberturas, doy vueltas en el aire para determinar bien de qué se trata. Aún quedan por explorar al menos seis cuevas que he divisado".

Arias bajó a la cueva como invitado especial, unos 250 metros. Describe lo que vio como "un impresionante mundo de cascadas, de lagos, de guácharos y estalactitas de colores" que se ven sólo con luz artificial, pues de otra forma hay oscuridad total.

El descenso se hizo a través de cuerdas rapel,  entre grietas y precipicios. El resto del trayecto lo hicieron a pie. En total, la travesía duró 15 días. Participaron 14 personas, siete italianos y siete venezolanos.

El espeleólogo explica que lograron topografiar un total de 15 kilómetros con 450 metros, aunque -según sus cálculos- la cueva podría tener unos 25 kilómetros en total. Hay salas que miden 130 metros de ancho por 200 metros de largo.

Esta formación no es una cueva cualquiera, no sólo por sus dimensiones sino por su composición mineral. La formación rocosa de los tepuyes es de piedra compacta, las más fuertes y antiguas de todo el planeta, explica Vergara.

Hasta hace unas décadas en la comunidad científica se pensaba que con este tipo de roca, la cuarcita (un tipo de sílice), no se formaban cuevas. Es muy dura, muy compacta y fuerte en su estructura, prácticamente cristales. No se erosiona tan fácilmente con el agua.

El espeleólogo establece una diferencia con las formaciones de carbonato de calcio, como las Cuevas del Guácharo (estado Monagas, en el oriente de Venezuela) u otras que fueron fondos marinos y cuya estructura es de carbonato de calcio, constituido por barro, arcilla, conchas marinas y calcio.

En estas formaciones las cuevas se produjeron por la erosión del agua y el viento, principalmente.

Sólo para dar una idea, Vergara dice que si la erosión de cien metros de carbonato de calcio toma cien años, el cuarzo se erosiona un metro en un siglo.

El origen de la cueva Imawarí Yeutá, es de origen bacteriológica, "Se producen por la acción de bacterias extremófilas (que viven en condiciones extremas), que de cierta forma logran debilitar el núcleo de la cuarcita, lo arenizan y hacen que se erosionen y formen estas estructuras maravillosas, vivas".

Y lo de "viva" no es metafórico: todas estas bacterias son autotrofas, es decir, tienen la capacidad de alimentarse a sí mismas. Son seres vivos dentro de una cueva.

Origen BBC
Jose Nuñez junio 9, 2013
RT / Prensamérica & Conape Internacional©

    “Por una conciencia Socialista, dejémonos de guardar silencio”

domingo, 9 de junio de 2013

Los Piai-Ma, los Come-hombre



“Lo cuentan las voces de los que se resisten”

Identidad y Tradición 
Los Piai-Ma, los Come-hombre

“Los Españoles no sabían que nosotros éramos Hombres”.

...Kowama ha llegado, la tarde está cayendo sobre el pueblo. Tureta-la-Selva está silenciosa. Los rumores de la noche no han reemplazado todavía los ruidos del día. Koko la Abuela no se atreve a caminar cuando el sol se ha ido, es la hora en que las serpientes salen a cazar. Sus ojos que han visto tantas y tantas lunas pasar por encima del claro del pueblo, ya no tienen la fuerza de mostrarle el Mundo en las sombras de la noche.

Entonces, se refugia en su karimi, en su hamaca, a soñar con el tiempo de su juventud, cuando su vientre era todavía cálido, en ese tiempo en que sus espaldas soportaban tan bien Akay, el pesado morral hecho de lianas tejidas, cargado de gruesas raíces de yuca. El camino era largo pero luminoso, desde la casa de Payún su esposo, hasta el Konuko.

Ahora, otras mujeres trabajan en su lugar. Sus nietas, el cuerpo todavía lleno de la Alegría de las Cosas, preparan sin cansancio el pan de Kasabe y la cerveza Kachiri. Son ellas ahora quienes alimentan a los Pemón, los Hombres de la tribu.

Payún está ahora Pata-muese, Allí-donde-se-espera. Koko está sola y vieja, ya no sirve para gran cosa, ella no puede ni siquiera tejer las fibras de palmas de Moriche para hacer chinchorros. No le quedan sino los recuerdos. Ella no sirve sino a eso, ella, la mujer más anciana de la aldea, ella, Enaru-Pemonton, la Hermana-Mayor-de-los-Hombres. Ella no sirve sino para recordarse, para contar...

¿Pero qué sería de la vida de un Pemón, de un Hombre del Roraima, si no tuviera la Memoria de Pia-Daktay, la Memoria de Aquel-Tiempo?

Esayuka, su bisnieta vino a acostarse con ella en su hamaca.

Los ojos pelados, Esayuka mira el vaivén del techo de la Tapuy...

Ella se calla, ella siente que Koko su abuela va a hablar. Es ella, Esayuka, quien un día, dentro de muchas lunas, dentro de muchas Konok-daktay, dentro de muchas Estaciones de Lluvias, contará Panton-Pia-Daktay, la Historia del Aquel-Tiempo. 

—Kamake chiti-koko, cuéntame, Abuelita, una vez más la Historia de los Hombres...

—Tauron Panton... Hija mía, el Cuento dice...

Pia-Daktay, en Aquel-Tiempo, los Pemón no eran los únicos a caminar sobre Non-San, la Tierra, nuestra Madre. El Cuento dice que en los Tiempos Antiguos vivían los Piai-Ma, los Gigantes. Moraban en los Tepuys, en los Cerros, y los Pemón los temían.

Los gigantes eran muy fuertes y muy malos. No hacían Tapuy, pero se escondían de noche en huecos bajo tierra, como Kaikuse-el-Jaguar y como Avare-el-Rabipelado.

Cuando llegaba Konok-daktay, cuando llegaban las lluvias y que hacía demasiado frío en los cerros, los Piai-Ma bajaban a la selva. Una vez allí, comían todo lo que encontraban... ¡Hasta a los Pemón, a los Hombres! La cabeza de los Piai-Ma era como una totuma vacía, ellos no tenían nada que decir a nadie, sólo buscaban comer sin sembrar, cazar sin pedir perdón a Karmo-la-Presa, no sabían decir como un Hombre, ¡Achika Waikin, ven Venado! ¡Pakira, Waira, Váquiro, Danto... ¡Achica, achica, vengan, vengan! No conocían los Taren de la caza y del perdón.

Tureta-la-Selva no los quería y los Pemón tenían miedo de esos gigantes que estaban ya en el Roraima cuando los padres de los padres de los primeros Pemón del Roraima habían llegado, viniendo de Allí-donde-sale-el-Sol...

Cuando los primeros Teponken, los primeros Vestidos, bajaron de sus grandes curiaras que los traían desde Paru-Ratoi-po, del Otro-Lado-de-la-Gran-Agua, tuvieron que pelearse con los Piai-Ma de la costa y de las selvas de la Wayana, del otro lado del Roraima, en Guayana...

¡Y los Piai-Ma de la costa comieron carne de Inkrechi, comieron Inglés! Cuando los Spañoro llegaron en sus grandes curiaras por el gran río Karoni, de Allí-donde-se-acuesta-el-Sol, creyeron que nosotros, los Pemón, éramos también Piai-Ma-Come-Hombre. Entonces, por culpa de los Piai-Ma, las Arakabusa, los fusiles y los largos machetes de los Vestidos mataron muchos Pemón, allá, en las riberas del Caroní y del Orinoco.

Los españoles no sabían que nosotros no éramos Piai-Ma, ellos no sabían que nosotros éramos Hombres...

Eso era Muere-daktay, hace mucho tiempo.

Elbatrina Rodríguez-Este de Clauteaux
Publicado por Letralia “Tierra de Letras”
Año x – N° 130

    “Por una conciencia Socialista, dejémonos de guardar silencio”