sábado, 5 de marzo de 2011

PRINCIPIOS IMPERIALISTAS.

De: "TRABUCO" sieli67@yahoo.es

Asunto: PRINCIPIOS IMPERIALISTAS.

"ALERTA ES EL MISMO BRUJO… NO ES DIFERENTE ¡QUE CHIMBO!"

HABLEMOS CLARO:

Ahora me gustaría hablar claramente sobre algo, especialmente ahora que muchos se andan por las ramas, ahora que nadie dice lo que realmente piensa porque no es correcto, no es costumbre o porque nos trae recuerdos que es mejor dejar enterrados.

Precisamente por eso es necesario que alguien cuente las cosas como son.

Por supuesto que los extranjeros, incluso en el sur y en el este, son gente también. Nadie pone eso en duda. Tienen ojos, boca y nariz como nosotros. Sienten amor y miedo como nosotros y tienen talento o son tontos como nosotros y así sucesivamente. Está claro que entre ellos, al igual que entre nosotros, los hay más o menos decentes y que cuando crecen en las circunstancias apropiadas no tienen más propensión al crimen que la que podamos tener nosotros.

Pero no se trata de eso. Se trata de esto:

Nosotros tenemos que defender nuestra cultura, tenemos que defender nuestra riqueza sin la cual nuestra cultura no existiría.El hecho es que aquí vivimos en el país más rico del mundo.Y esto también va para todos aquellos que pueden leer esto,para los americanos tanto como para los suizos o los austriacos. Aquí tenemos prosperidad y una estructura social segura con las que los latinos o los africanos solo pueden soñar.

Los etíopes o los colombianos no pueden ni siquiera imaginárselas. Afrontemos los hechos como son: de los seis billones de habitantes del mundo, solo un billón vive en las 'naciones industrializadas' y curiosamente esos somos nosotros.Nosotros, el sexto de la humanidad, somos dueños de cuatro quintos de la riqueza de la Tierra, Consumimos el 70% de la energía, el 60% de la comida y el 85% de la madera de la tierra. Que pasaría si los otros simplemente vinieran y pidieran su parte, hasta ahora no han sido más que un millón o millón y medio de pobres diablos que llegan a nosotros huyendo de persecuciones policiales, de guerras o de hambre.

Bueno, pero ahí fuera no hay millones sino unos cuantos billones de pobres diablos llenos de envidia de nuestra prosperidad, nosotros, el sexto más rico, tenemos sesenta veces más que el sexto de los más pobres. Es una realidad que se tiene que asumir completamente sin avergonzarse de ello. Afrontemos los hechos como son: de los seis billones de habitantes del mundo, solo un billón vive en las 'naciones industrializadas'. Consumimos tanta gasolina como diez africanos negros. Un alemán emite tanto CO2 en el aire como 65 negros. En nuestra parte del mundo hay un coche por cada dos habitantes, contando a los niños. En la India, hay un coche por cada 455 personas. Afrontémoslo, si todos ellos quisieran vivir como nosotros, acabaríamos con el planeta, No hay suficiente petróleo en el mundo para que los latinos, los negros y los chinos conduzcan coches también. Esos son hechos.

Quien se pregunta, al comprar una falda de algodón barata de la India o un precioso pañuelo de seda, si son baratos porque están relacionados con la explotación laboral infantil, ¡nadie!, la caridad comienza en casa. Nuestra prioridad es pensar en nuestro futuro y en el de nuestra familia, en más nadie y eso es natural.

Los latinos o los africanos harían lo mismo si ellos fueran las naciones que dirigiesen el mundo No nos engañemos: el orden mundial entero descansa en la supremacía de las naciones industrializadas. Y las naciones industrializadas dan por sentado que tienen que hacer cualquier cosa para proteger su supremacía en el mundo, principalmente por medios políticos económicos y hasta bélicos si es necesario en estos días. No estamos sólo protegiendo nuestras fronteras contra la entrada de refugiados de los países pobres, sino también nuestros mercados de sus productos.

Por ejemplo:

No nos interesan tanto sus manufacturas textiles como sus materias primas. Importamos su cacao, pero nunca chocolate. Después de todo tenemos que proteger nuestra industria textil y chocolatera de la competencia. En verdad no tenemos el mínimo interés en que los países de ahí abajo establezcan sus propias industrias o se desarrollen. Lo que queremos es seguir vendiendo nuestros productos industriales a alto precio y comprarles materias primas baratas.

¿Pero, serán estas medidas económicas y políticas, siempre suficientes para asegurar nuestra supremacía en el mundo?

- Si es necesario utilizaremos cualquier día nuestras medidas militares -

Cuando asistimos al colapso del Imperio Rojo, algunas personas actuaron durante una temporada como si fuera a llegar la paz eterna. Pero para los más previsores estaba claro que los problemas no vendrían tanto del Este como del Sur. Desde la guerra del Golfo, una cosa queda clara: cuando Saddam Hussein intentó quedarse con Kuwait, la quinta parte más rica le echamos un buen rapapolvo como venganza.

Por suerte hicimos creer al mundo entero que estábamos tratando con un verdadero dictador y con un violador del derecho internacional, así nadie podía decir que no teníamos derecho a hacerlo. Pero no fue solo Saddam el que probó el significado de nuestra superioridad tecnológica-militar.

La guerra televisada mostró a todo el Sur quienes eran los dueños del mundo, y el señor Milosevic, que también por suerte es un dictador y un criminal de guerra, nos hizo un favor semejante para que nadie se atreviese a señalarnos haciéndonos co-responsables de la guerra al rechazar nuestro ultimátum y otros actos diplomáticos.

Mirándolo sin avergonzarnos estas guerras no son necesarias pero indiscutiblemente no todos nos beneficiamos de la misma manera de nuestras ventajas en el mundo. A unos pocos no se les tiene tanto en cuenta; pero contra eso no se puede hacer nada. Nuestro sistema es meritocrático como una competición de esquí: que uno sea doscientas centésimas de segundo más lento que el otro, no quiere decir que, por eso, sea peor esquiador. Pero, de acuerdo con las reglas, solo tres pueden obtener una medalla y el resto nada.

Hay algunos que saben que nunca ganarían una medalla, que nunca pertenecerán a la clase de los que tienen éxito y son famosos. Estos están frustrados y no se puede hacer nada para evitarlo. Por supuesto que sería muy agradable cambiar nuestra escala de valores y situar la amistad, la simpatía, el humor, o la capacidad de ser feliz y disfrutar la vida en lo alto de la escala, pero si lo hubiéramos hecho así no habríamos llegado a ser tan prósperos como somos hoy.

¡Tienen que entenderlo!:

Debemos nuestra prosperidad a nuestro sistema de valores, en el cual el éxito a costa de lo que sea se sitúa como el valor más privilegiado de la lista.

Ellos pasan por alto el hecho de que un mínimo de humanidad es necesario para mantener nuestra reputación en el mundo, lo cual, por supuesto, también contribuye a nuestros éxitos económicos. También pasan por alto el hecho de que el precio de ese ejercicio de humanidad no es tan alto. Los bancos alemanes por sí solos ganan cuarenta y cinco veces más con los intereses de los préstamos a países en vías de desarrollo de lo que los gobiernos federales gastan en ayuda a refugiados y a demandantes de asilo. Pero todavía uno tiene que mostrar cierto grado de entendimiento con esos enfervorizados y radicales jóvenes y no demonizarlos como extremistas de derecha o neonazis puros y duros.

Por supuesto que no es agradable prender fuego a las residencias de los demandantes de asilo o ir dando palizas racistas por ahí. Eso es primitivo y cruel, pero, sobre todo, estas acciones extremas perjudican nuestras relaciones internacionales y nuestra política comercial exportadora de forma directa. Pero detrás de esos estúpidos excesos, que repito siento que son completamente débiles, hay un sentimiento y un pensamiento totalmente realista: hay que construir un muro que nos proteja de las embestidas del Sur.

¡Pero no debemos permitir esos excesos!.

Debemos mantener el orden. Por otro lado, debemos reconocer que la premisa que esos excesos expresan es completamente saludable y es el resultado lógico de nuestra posición de poder económico y político en el mundo. Y probablemente, sí probablemente, algún día necesitemos esa actitud básica mucho más que hoy porque, quién puede decir que un día no tendremos que defender nuestros logros y nuestra posición en el mundo incluso militarmente.

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"POR ESTAS RAZONES UNÁMONOS CONTRA LA TIRANÍA IMPERIALISTA,
PARA SUPERAR LAS DURAS CIRCUNSTANCIAS QUE NOS ESTÁN RESERVADAS,
POR DECISIÓN DE LAS MANOS NO TAN INVISIBLES DEL IMPERIO".

"NO HAY PUEBLO VENCIDO"

"AL PASADO NO REGRESAREMOS JAMAS"

"TRABUCO" sieli67@yahoo.es

Publicado por ROMULO PEREZ “por una conciencia Socialista”

« ... Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez...»

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