jueves, 1 de septiembre de 2016

CODICIA MALDITA



CODICIA MALDITA

            Comenzaba a llover, eran apenas la 5:15 PM, y anochecía rápidamente, por lo que Marcela decidió no trabajar más… Turmero, es un pueblo muy complicado cuando llueve torrencialmente y su taxi no está en condiciones de transitar bajo estas situaciones atmosféricas; a pesar de que su vehículo tiene casi 30 años de servicio, todavía está en buen estado, no así, se puede hablar del pueblo, aun en pleno siglo XXI, apenas cae una lloviznita y éste se anega totalmente, haciéndose intransitable.  
  
            La tarde con prontitud cedió su paso a la noche, trayendo de compañero a un misterioso aguacero cargado de mucho frio. Frio extraño y lluvia extraña, que impedían a Marcela la normal visión para poder conducir de camino a casa, por lo que el trayecto tuvo que realizarlo con mucha lentitud; durante el lento transitar el parabrisas del carro se empañó, por lo que procedió con un trapito que tiene en un bolsillo de la tapicería de la puerta del chofer a limpiar el importante cristal, percatándose claramente de la necesidad del servicio que presentaba una transeúnte que atrayentemente la requería a la altura del “Centro Recreacional Yesterday” en el sector El Mácaro de Turmero. Aquella mujer traía puesto un lindo vestido negro al talle, con media pierna al descubierto, un sombrero Pamela Invierno, también de color negro, delicadamente arreglado con un elegante tul Plumeti del mismo color y tejido en algodón con diseños en forma de corazones, todo ese atavío se complementaba con un exuberante ramo de flores rojas que tenía abrazado con uno de sus brazos, otorgándole a la divina dama una particularidad especial de seducción y elegancia, lo cual contrastaba con el extraño aguacero.    

            Sin darse cuenta, tal vez por la costumbre de su trabajo, Marcela detuvo el carro para servirle a la dama, ella se introdujo al vehículo en el asiento delantero con inusual abordaje, el cual impresionó a Marcela agradablemente, además de ello el perfume de aquella dama olía mucho a flores. Cayendo en un letargo breve, la taxista, se preguntó… 

-¿Será algún exquisito perfume, o será su delicada piel? Más bien creo que es el hermoso ramo de flores… ¡Que mujer tan interesante! Cualquiera sucumbe ante sus encantos pensando que con ella pasaría una hermosa noche de primavera!…   

            Volviendo en si, Marcela pregunta a la divina dama hacia donde se dirige, y ella con voz tentadora le dice…

-Cerca de la empresa de transporte “Transporte Bruno”, en la avenida principal…  

            Sin hacer más preguntas inició la marcha, total, en esa misma dirección quedaba su hogar, hacía donde se dirigía inicialmente. El ambiente se oscureció aun más, y el frio era insoportable, Marcela miró al cielo y las nubes matizaban un extraño color oscuro rojizo que presagiaban sufrimiento final. Como de costumbre las calles del pueblo estaban colapsadas, por lo que tuvo que buscar las adyacencias de la plaza, encontrándose que esta corría la misma suerte, tomando entonces el único paso accesible que quedaba; Marcela volteó a ver a la mujer para consentir visualmente el trayecto que debían realizar, pero el sombrero y el tul no dejaban verle la cara, al pasar frente a la Iglesia la mujer tosió de tal manera, que Marcela se detuvo y casi se desvió para el ambulatorio a que le prestaran los primeros auxilios, aquella tos parecía reventarle el pecho a la mujer, y retumbaba de tal manera dentro del vehículo que Marcela creyó que se estallaban los vidrios del carro. 

            La mujer desesperadamente mientras tosía le hacía señas con las manos a Marcela de que continuara la marcha, pero esta no sabía que hacer, su mayor intención era la de desviarse para el ambulatorio, por lo que con mucha angustia dijo… 

-Disculpe señora, pero mejor la llevo al ambulatorio, está aquí cerquita, además, esa tos parece que le va a tomar la cuerdas vocales para convertirlas en bordones y afinar el redoblante ese que suena en su pecho, solamente faltan otros músicos y armamos una orquesta… 

            La mujer le exigió que continuara, Marcela no tuvo más remedio que continuar; en el trayecto, después de avanzar un buen tramo, la extraña dama le agradeció el gesto humanitario que tuvo, regalándole una flor y diciendo… 

-Fue Ud. muy amable y gentil al quererme ayudar, pero ya antes me han  sucedido estos episodios y siempre termino superándolos…  

            La voz encantadora nuevamente cautivó a Marcela, quien al oler la flor, olvidó por completo el loco pasaje que vivió hace unos instantes. Al voltear a ver a la mujer, le atrajo rápidamente la pierna desnuda que exhibía, sus carnes eran firmes y la piel se percibía divinamente blanca y suave, generando en la taxista, el deseo de verse atrapada entre ellas hasta morir constrictada y ahogada de gusto; esas sensaciones libidinosas la inducían a querer compartir intimidades con aquella desconocida dama… 

            La lluvia se hizo más fuerte, los relámpagos y truenos ahora formaban parte de tan sombrío momento, a ratos, las destellantes luces iluminaban a la misteriosa mujer, aun así, Marcela no alcanzaba a verle el rostro, pero el éxtasis que le causaba estar junto a ella, no le permitía darse cuenta del peligro que corría, el deseo de seguirla era tan poderoso que no permitiría que nada ni nadie la apartara de la desconocida. 

            En las proximidades al sitio de destino el inclemente aguacero cesó repentinamente, y la luz clara y radiante comenzó a dominar aquel entorno, a la extraña mujer le comenzó nuevamente el ataque de tos… Sonidos de tambores armonizaban las fiestas de San Juan que se estaba llevando a cabo en la fábrica de muebles del viejo Matías, que está cerca de la empresa de transporte “Transporte Bruno”, como Marcela es devota de San Juan se detuvo un momento para otorgarle una ofrenda al santo, la extraña mujer le pedía con desespero que no se detuviera al momento que tosía a reventar, Marcela no la escuchó, sabía que ese episodio lo superaría rápidamente, por lo que bajó el vidrio y le entregó al Santo la flor que le habían regalado al instante que le brindó una oración. 

            Cuando Marcela fue a emprender la marcha se percató que la mujer no estaba dentro del vehículo, la buscó con la mirada entre la multitud sin tener éxito, al rato se dio cuenta de que la extraña dama corría desesperadamente al cementerio, justamente el tramo que faltaba superar para llegar a “Transporte Bruno”. 

Rómulo E. Pérez F.
19/08/2016

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