domingo, 11 de septiembre de 2016

“La Belle Rafaela” de Tamara de Lempicka



Tamara de Lempicka fue una pintora polaca que destacó por la belleza de sus retratos femeninos y desnudos, de pleno estilo Art Decó. Nació el 16 de mayo de 1898, en Varsovia, Polonia y murió el 18 de marzo de 1980, en Cuernavaca, México. El 14 de Octubre del año pasado se realizó una exposición en El Arena Museo Opera de Verona (Italia) de 200 piezas de la notable artista, entre óleos, dibujos, fotografías, acuarelas, vídeos y complementos de moda. 


  La Belle Rafaela (Óleo 1927)


Tan atrayente y sugestiva cual fiesta primaveral…
Líricos insomnios que me elevan en el éter de tu alcoba no me dejan que descienda a tu piel,
para esculpir con mis manos y cincel cada palmo de tu cuerpo…
Esa boca aframbuesada, esos matices lumínicos,
son vectores que vulneran mi límite de lo real…
Caigo tendido a tu colcha, acaricio tú bajo vientre,
y escucho allí los gemidos que armonizan el ambiente…
Solo soy un observante que se doblega ante ti…
No controlo mis pensares y confundo mis impulsos…
¿Quién tu eres Rafaela? ¿Por qué me hechizas así?
¡Yo soy cuerpo, yo soy carne!
tú eres lienzo y frenesí… 


Mis manos estaban húmedas y pegajosas, aun así, no me incomodaban, el agradable olor a frutas tropicales satisfacía las ansias de haberla poseído. Ese cuadro colgado en la pared era la única compañía que tenia en aquella humilde casa del campo. Todas las tardes después que se ocultaba el Sol, luego de una larga jornada de trabajo, entre árboles y frutos, entre semillas y tierras, entre sudores y riegos, tomaba mi sillón favorito y sin bañarme siquiera conversaba con ella, con “La Belle Rafaela”, ¡Si! hablábamos largo rato, reíamos, cantábamos, en fin, pasábamos ratos agradables, hasta ese día, en que entusiasmado por los efectos de un cóctel de frutas que preparé, la seduje, ella estaba impresionada nunca me había visto así… No me contuve, entonces, tomé el cuadro, lo quité de la pared y lo coloqué sobre la mesa, la misma estaba llena de exquisitas frutas, ella era una más, ¡Si! Una más, la mejor de todas… Me acerqué a sus piernas y tomé su pulposo fruto, lo comí extasiado de placer, hasta sentirla ahogarse, luego subí a sus pechos y en la cima me detuve en aquellas encantadoras ciruelas las cuales lamí con inusitada vehemencia… Sus labios rojizos y carnosos fueron el arrebato que dislocaron mis bríos y quedé tendido en mi sillón. 

Rómulo Pérez
03/03/2016

 



   

No hay comentarios:

Publicar un comentario