domingo, 7 de abril de 2013

Socialismo del siglo XXI




“Lo cuentan las voces de los que se resisten”

ESCRITOS HISTÓRICOS

Debate sobre Socialismo del siglo XXI
Una Primera compilación
Socialismo del siglo XXI

El socialismo es el modo de producción posterior al capitalismo y se basa en la propiedad social de los medios de producción, lo cual es opuesto al carácter privado de dichos medios en su antecesor. Cuando la tierra y los instrumentos de producción son de propiedad particular, la riqueza producida tiene propietarios, por lo que no se distribuye según el trabajo realizado, ni de acuerdo a las necesidades de quienes trabajan. La participación del trabajador está dada por la magnitud del salario y la del propietario capitalista por el excedente entre los valores utilizados para producir y el nuevo valor creado en la producción: la plusvalía. En otros términos, el capitalista o burgués se apropia del nuevo valor generado durante la producción de bienes materiales.

En el socialismo, los medios de producción son colectivos, pues pertenecen a todos los trabajadores. Por lo tanto, la plusvalía generada también les pertenece y pueden disfrutar entonces de su reparto. Nadie se apropia de los valores producidos, los cuales forman parte de la riqueza social, por lo que desaparece la explotación del hombre por el hombre y el resto de las viejas relaciones de producción, así como las clases sociales existentes hasta ese momento. Aparecen nuevas relaciones de producción y se abre el camino para la conformación de una sociedad sin clases, constituida sólo por trabajadores.

Los conceptos anteriores definen lo fundamental de estas formaciones económico-sociales, por lo que no dependen del país ni del momento histórico de su desarrollo. Sin embargo, hay particularidades importantes que sí dependen de éstos, por lo que se puede hablar de socialismo venezolano, cubano o nicaragüense, así como aceptar la expresión de socialismo del siglo XXI, que enfatiza la influencia de las realidades actuales en la construcción del modelo socialista.  

Los países industrializados poseen unas fuerzas productivas desarrolladas, lo que permitiría satisfacer con holgura las necesidades de toda la población, si se contara con toda la riqueza producida, incluida la plusvalía. Esa impresionante capacidad contrasta con las malas condiciones de vida de una proporción de sus habitantes y, más aún, con la miseria del 80 por ciento de la población de nuestros países. 

Así, mientras hoy se puede generar el doble de alimentos de los requeridos por la población mundial, un 40 por ciento de la misma está desnutrida.

Según Marx, se alcanza un momento de crecimiento de las fuerzas productivas, en el cual la propiedad privada de los medios de producción comienza a frenar su desarrollo, y esta contradicción antagónica, que aparece primero en los países industrializados, se resuelve con la aparición de un nuevo modo de producción: el socialista, a través de las revoluciones proletarias. Sin embargo, en la práctica estas se dieron en países atrasados, con escaso desarrollo de sus fuerzas productivas, como Rusia, China, Cuba, Nicaragua y otros, en virtud de lo que Lenin llamó el eslabón más débil, ya que en esos países las contradicciones capitalistas se expresan de una forma más brutal y extendida, como hambre y miseria de las mayorías, que se rebelarían contra ese perverso orden de cosas.

La historia, sin embargo, demostraría que el socialismo así iniciado no sobreviviría, a pesar de los logros positivos que alcanzó. El bajo desarrollo de sus fuerzas productivas no le permitió satisfacer adecuadamente las necesidades de sus pueblos y su economía nunca igualó a la economía capitalista, lo que la hizo marginal en el mundo y terminó por sucumbir, ante la incredulidad de los revolucionarios y la satisfacción de los explotadores, quienes llegaron a creer que estaban en presencia del final de la historia.

Lo que sí parece concluyente es que el socialismo no se decreta, ni se construye con deseos. Asumir el reto de satisfacer las necesidades de todos requiere de un aparato productivo desarrollado, de manera de generar suficientes riquezas. Repartir requiere producir previamente el objeto del reparto y es ésa la principal dificultad de países como Venezuela, donde las fuerzas productivas tienen poco desarrollo. Se deben también terminar tareas democrático-burguesas muy anteriores al socialismo. La reforma agraria, conquista antifeudal y por ende burguesa, que elimina el latifundio, mina el poder de los terratenientes, beneficia a los campesinos y diversifica e incrementa la producción agrícola, es una de ellas.
     
La transición al socialismo debe contemplar la nacionalización de la banca, de las comunicaciones y del transporte público; debe desechar la transformación en empresas mixtas de los contratos de servicio petroleros, tiene que cambiar el carácter monoproductor de nuestra economía, desarrollar la industria petroquímica y la química orgánica industrial, construir la red ferroviaria nacional, renacionalizar las industrias básicas privatizadas en el pasado, garantizar la autonomía alimentaria, la producción de medicamentos y equipos médicos esenciales y desarrollar las ciencias y la tecnología, por lo que los excedentes de la venta de petróleo deben también dirigirse en este sentido.

Se trata de utilizar las tecnologías avanzadas para tener una sólida base industrial, que eleve la productividad sustentablemente sin deterioro del ambiente, lo que además requiere de trabajadores de todos los niveles con  una formación académica y laboral de gran calidad, que no puede hacerse improvisadamente como actualmente lo lleva acabo el Ministerio de Educación Superior. Se trata también de tener un desarrollo científico y tecnológico, que le garantice a nuestra Fuerza Armada Nacional, un control real de sus equipos y un poder de fuego disuasivo de cualquier agresión aventurera externa.  

Si caminamos en esa dirección, si se comienza desde ahora a construir esa base productiva, si se asumen las tareas señaladas, estaremos haciendo lo propio y alcanzaremos con éxito la meta.


Luis Fuenmayor Toro
      SUMMA, N° 5, pp 29, diciembre 2005

Por una conciencia Socialista, dejémonos de guardar silencio”

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